El nativo de Progreso destacó por su ilustración que abarcaba la crítica social y el impulso de la educación con la SEP
Carlos Dzib Urbizú nació en el puerto de Progreso, Yucatán, en 1940. Desde joven mostró un notable talento para el dibujo, el humor y la observación crítica de la realidad, cualidades que lo llevarían a convertirse en uno de los caricaturistas más destacados de su generación.
Aunque se graduó como maestro normalista, su verdadera vocación fue siempre el trazo y la caricatura. Inició su carrera colaborando en trabajos particulares y en la revista El Faro, dirigida en los años sesenta por Rubén y Romeo Frías Bobadilla.


Su estilo se distinguió por un ingenio agudo y un sentido del humor penetrante, características que lo posicionaron como un referente del humor negro en México.
“Carlos Dzib ha sido el mejor exponente del humor negro que hemos tenido en México”, afirmó el también maestro Eduardo Rius. Entre sus cartones más célebres destacó uno dedicado al presidente Gustavo Díaz Ordaz, muestra de su audacia y mordacidad.



Buscando mayores horizontes, Dzib emigró a la Ciudad de México, donde enfrentó los desafíos propios del medio artístico. A pesar de las dificultades iniciales, su talento lo llevó a compartir reconocimiento con figuras como Cabral, Freyre, Bernal y Rosas.
Su versatilidad le permitió crear caricaturas de humor negro y picaresco, además de colaborar en la elaboración de ilustraciones para libros de texto de la Secretaría de Educación Pública y revistas infantiles como Chispas, Colibrí y El Brinco.
Entre sus publicaciones más conocidas figura el libro La autopsia dirá si vive, que obtuvo gran éxito editorial. Asimismo, fue el autor de los dibujos de la obra Habíase una vez, ampliando su legado más allá de la caricatura periodística.
Su trazo trascendió fronteras, siendo reconocido tanto en México como en el extranjero. En 1978 y 1980 obtuvo el Gran Prix del Salón Internacional de la Caricatura, celebrado en Montreal, Canadá.
Carlos Dzib Urbizú falleció en la Ciudad de México en 1984, mientras trabajaba para Revistas de Revistas, el semanario del periódico Excélsior.
Su obra, marcada por la inteligencia, la ironía y la crítica social, permanece como testimonio del poder del dibujo para reflejar la condición humana y el espíritu de una época.
Con información de la SEP
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